Estar sin trabajo no es una bendición, aunque,
una banda de expertos de todo tipo, aseguren que este golpe es una oportunidad
única para cambiar y de qué forma.
Ciertamente todo cambio implica un revulsivo interior y puede conllevar
un proceso de transformación interesante y quizás, en algunos casos, una manera
de reorientar tu vida, también un nuevo trabajo, pero no siempre es así y si la
situación se prolonga demasiado, de positivo no tiene nada de nada.       
Si te insisten demasiado en la importancia de este aprendizaje,  cuando situaciones adversas, cómo puede ser
el paro, entre otras, se ensañan desde hace tiempo contigo, quizás tu reacción
no sea la más apropiada. 
Mejor ser prudente y no ahondar en la herida, ni caldear los ánimos con
máximas de filosofía beatífica. Tampoco en la necesidad de profundizar en esta
experiencia o bien en otras que prolongan el sufrimiento de forma innecesaria e
inhumana.
Puede suceder y de hecho sucede
que quien ha sido golpeado por un despido fulminante y está en el paro desde
hace tiempo, no tenga ni las más mínimas ganas de aprender, crecer ni
desenvolverse en otro medio laboral que no sea el suyo y que no le apetezca en
absoluto dar las gracias por vivir esta situación que lo consume a diario.
Ilustaciones: Blanca Gómez

El paro ha
provocado un aumento de la precariedad de forma alarmante, lo que se traduce en
situaciones que rayan la mayor ignominia. Cito sólo algunas: niños que solo
comen una vez al día, el menú que les ofrece la escuela;  comedores sociales a los que van personas de
todos los estratos sociales, tan solo en Cataluña unos 320.000 catalanes tienen
problemas para comer; abuelos que con su paga ayudan a los hijos o los acogen
en casa, cuando estos se han quedado sin trabajo; jóvenes que han tenido que
emigrar para buscar trabajo fuera del país, ante la imposibilidad de
encontrarlo aquí; parejas que no han resistido la continua erosión de una situación
en constante zozobra; desahucios vergonzosos e inhumanos… la lista es
interminable. Para estas personas los cambios no han sido buenos, al contrario,
han sido para ir a peor.

Un paro
prolongado es igual a sufrimiento prolongado y deja heridas invisibles que
tardan en cicatrizar.  
El sufrimiento prolongado es la materia más inútil e innecesaria de aprendizaje. Nadie tendría que aprender con cursos intensivos que conllevan sobredosis continuada de cargas de dolor. Un sufrimiento largo es coceo una víbora que va devorándote y lo peor, envenenándote y envenenando a quien está a tu alrededor.
La cuestión
es que cuando estás en pleno e inútil acto de sufrimiento, por ejemplo, a causa
del paro, e ingeniándotelas de mil maneras para buscar el sustento familiar y
sin opción posible de rendición toca estar entero y aguantar. Tendrás que
resistir y dar paso al héroe que eres y aceptar que pronto te convertirás en
todo un maestro en la materia y esto en sí, ya es una victoria.
Con lo maravilloso que es ser un ignorante
feliz, sin necesidad de acumular sobredosis de experiencias y de sufrimientos
encadenados y sin embargo, a menudo, la vida se obstina en todo lo contrario.